lunes, 17 de diciembre de 2007

Mas vale dar que recibir

Había una vez una árabe llamado Beremis Samir, que hacía cualquier cosa con los números.Iba un día de viaje cuando halló, a mitad de su camino, a tres hombres que discutían acaloradamente frente a un lote de camellos...Y al detenerse Beremis Samir y preguntarles el motivo del entredicho, uno de los alegadores le respondió lo siguiente: "Somos hermanos y recibimos estos 35 camellos como herencia de nuestro padre, que acaba de fallecer. Yo, porque soy el mayor, debo quedarme, conforme a la voluntad del finado, con la mitad de los 35 camellos. Este, que es el segundo, debe recibir la tercera parte. Y aquel, que es el menor, la parte novena de los treinta y cinco camellos".Y dijo otro de los hermanos: "Pero es imposible hallar la mitad exacta y aún, la tercera y la novena partes de treinta y cinco!"Beremis Samir pensó un instante y, luego, desmontando de su propio camello, lo agregó al lote de los que heredaron los hermanos. Y dijo: "Agregando mi camello a los vuestros, hacen treinta y seis".Los otros se quedaron sorprendidos por la generosa actitud del viandante, pero aguardaron callados a que la esclareciera. Y así lo hizo, en efecto, Beremis Samir."Agregando mi camello a los vuestros, hacen treinta y seis. De modo que... toma tú la mitad que te corresponde".Separó Beremis para el mayor de los hermanos la mitad de 36, o sea, 18 camellos.Volviéndose, enseguida, al hermano segundo, prosiguió: "Tú debías recibir la tercera parte. Siendo treinta y cinco camellos, no habría sido posible que la recibieras, pues la tercera parte de treinta y cinco son once y pico. Y los camellos no tienen pico. Pero ahora, siendo, con el mío que agregué a los vuestros, treinta y seis...:ten. Ahí van tus doce camellos: la tercera parte exacta de treinta y seis, como ves".Quedaba por satisfacer al hermano menor: "A ti, según el testamento de tu padre, te correspondía la novena parte del lote. La novena parte de treinta y seis son cuatro. Toma tus cuatro camellos".Y el menor de los hermanos los tomó, muy contento. Entonces, Beremis Samir sumó lo que había repartido y dijo: "Pues que has recibido dieciocho camellos tú, doce y cuatro el niño, aún habiendo recibido cada uno más de lo que les hubiese correspondidole ser sólo treinta y cinco camellos... sumemos: 18 más 12 son 30. Más 4, 34. Quiere decir que de los treinta y seis camellos, sobran dos. Uno es el que yo puse. Y el otro, el que me corresponde por haberos hecho lograr una participación favorable para todos".Y Beremis Samir dejó a todos los hermanos contentos y, montando en su camello nuevamente, se fue con el otro camello de tiro.La moraleja que se descubre en este cuento es que todo cuanto damos a otros se entregaa título provisional, porque siemprela vida nos lo devuelve con creces. Si los egoístas supieran las ventajas que reporta la generosidad, serían generosos por puro egoísmo.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Porque escribi...

Ahora que quizás, en un año de calma, piense: la poesía me sirvió para esto: no pude ser feliz, ello me fue negado, pero escribí.
Escribí: fui la víctima de la mendicidad y el orgullo mezclados y ajusticié también a unos pocos lectores; tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto; una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.
Pero escribí: tuve esta rara certeza, la ilusión de tener el mundo entre las manos —¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco con toda su crueldad innecesaria— Escribí, mi escritura fue como la maleza de flores ácimas pero flores en fin, el pan de cada día de las tierras eriazas: una caparazón de espinas y raíces
De la vida tomé todas estas palabras como un niño oropel, guijarros junto al río: las cosas de una magia, perfectamente inútiles pero que siempre vuelven a renovar su encanto.
La especie de locura con que vuela un anciano detrás de las palomas imitándolas me fue dada en lugar de servir para algo. Me condené escribiendo a que todos dudarán de mi existencia real, (días de mi escritura, solar del extranjero). Todos los que sirvieron y los que fueron servidos digo que pasarán porque escribí y hacerlo significa trabajar con la muerte codo a codo, robarle unos cuantos secretos. En su origen el río es una veta de agua —allí, por un momento, siquiera, en esa altura— luego, al final, un mar que nadie ve de los que están braceándose la vida. Porque escribí fui un odio vergonzante, pero el mar forma parte de mi escritura misma: línea de la rompiente en que un verso se espuma yo puedo reiterar la poesía.
Estuve enfermo, sin lugar a dudas y no sólo de insomnio, también de ideas fijas que me hicieron leer con obscena atención a unos cuantos psicólogos, pero escribí y el crimen fue menor, lo pagué verso a verso hasta escribirlo, porque de la palabra que se ajusta al abismo surge un poco de oscura inteligencia y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.
Porque escribí no estuve en casa del verdugo ni me dejé llevar por el amor a Dios ni acepté que los hombres fueran dioses ni me hice desear como escribiente ni la pobreza me pareció atroz ni el poder una cosa deseable ni me lavé ni me ensucié las manos ni fueron vírgenes mis mejores amigas ni tuve como amigo a un fariseo ni a pesar de la cólera quise desbaratar a mi enemigo.
Pero escribí y me muero por mi cuenta, porque escribí porque escribí estoy vivo.
Enrique Lihn

domingo, 25 de noviembre de 2007

I just call to say I love you

No es Año Nuevo que celebrar
No hay corazones de dulce cubiertos de chocolate para regalar
No es comienzo de primavera,
ni canción para cantar De hecho, éste es solo otro día común
No hay lluvia de Abril,
ni botones de flor
Tampoco sábado de bodas en el mes de Junio
Pero esto qué es,
es algo verdadero
Hecho de esas tres palabras que debo decirte
Sólo llamé para decirte que te amo
Sólo llamé para decir lo mucho que importas
Sólo llamé para decirte que te amo
Y lo digo desde el fondo de mi corazón
No hay buenos veranos,
ni Julios calurosos
No es luna llena que ilumine una tierna noche de Agosto
Sin brisa de otoño,
sin hojas cayendo
No es tiempo en que los pájaros vuelan hacia cielos del sur
No hay sol de Libra, ni Halloween,
Ne es dar las gracias el júbilo navideño que transmites
Pero esto qué es, aunque viejo, tan nuevo
Llenar tu corazón como tres palabras no podrían hacer.

Malena


MALENA
Música: Lucio Demare

Letra: Homero Manzi1942

Malena canta el tango como ninguna y en cada verso pone su corazón.

A yuyo del suburbio su voz perfuma,

Malena tiene pena de bandoneón.

Tal vez allá en la infancia su voz de alondra tomó ese tono oscuro de callejón,

o acaso aquel romance que sólo nombra cuando se pone triste con el alcohol.

Malena canta el tango con voz de sombra,

Malena tiene pena de bandoneón.

Tu canción tiene el frío del último encuentro.

Tu canción se hace amarga en la sal del recuerdo.

Yo no sé si tu voz es la flor de una pena,

sólo sé que al rumor de tus tangos, Malena,

te siento más buena,más buena que yo.

Tus ojos son oscuros como el olvido,

tus labios apretados como el rencor,

tus manos dos palomas que sienten frío,

tus venas tienen sangre de bandoneón.

Tus tangos son criaturas abandonadas que cruzan sobre el barro del callejón,

cuando todas las puertas están cerradas

y ladran los fantasmas de la canción.

Malena canta el tango con voz quebrada,

Malena tiene pena de bandoneón.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Coco Chanel


"Ninguna mujer es lo suficientemente delgada ni sifucientemente rica..."Coco Chanel

Ventana Superior.


"Cuando veo un par de jovenes supongo el jode con ella y que ella toma pastillas o usa diafragma, se que este es el paraiso"

domingo, 11 de noviembre de 2007

HISTORIA DE LEONES

El rey de los leones -porque el león es el rey de los animales, pero a su vez ellos tienen su rey-, el rey de los leones, digo, para celebrar el aniversario de su reinado resolvió hacer una gran fiesta. Todos los leones de la sabana fueron convidados (no de la selva, pues los leones no viven allí como muchos creen).Organizó una prueba llamada "la gran trepada al gran árbol". Se sabe que los leones no son muy buenos para escalar árboles, por eso la prueba era interesante.Era un árbol inmenso y en lo alto el gran premio: una cebra exquisita. El león valiente que consiguiera escalar hasta lo alto del gigantesco árbol se beneficiaría con ese manjar y además sería candidato seguro para el próximo reinado (ellos eran muy democráticos).Cientos de leones asistieron a la fiesta y al concurso, venidos de todos los lugares del reino. El primero en participar fue un león gordo. Tomó una distancia corta y muy displicente subió al árbol, no llegando siquiera a la mitad. Además, mientras caía blasfemaba contra el rey. -Este rey está loco, decía, colocó un premio tan alto que nadie lo va a alcanzar, se está riendo de nosotros. Y siguió gritando para que los demás lo oyeran: -Si nadie más participa, el rey se verá obligado a disminuir la exigencia de la prueba... que nadie más participe y será más fácil.Varios leones se decepcionaron con el rey, que comenzaron a bajar la cabeza y se alejaron. Otros rugieron contra el rey palabras de desaprobación.En esos momentos apareció un leoncito joven y bastante flaco. Tomó distancia aprovechando el espacio que los otros habían dejado y corriendo como el viento se encaramó al árbol. En el primer intento no tuvo éxito y cuando se preparaba para el segundo intento, los otros leones le gritaban: -no seas burro, ¡no lo intentes!, ¡no se puede llegar tan alto!, ¡te puedes lastimar!Pero el leoncito tomo vuelo como la primera vez, subió rápidamente al árbol con mucha energía y convicción. Con un gran esfuerzo, consiguió llegar al tope del árbol y así bajo con la cebra.La mayoría de los leones quedaron sorprendidos. Unos aplaudieron, otros comentaban la hazaña.El león gordo, cansado todavía, fue inmediatamente a pedirle explicaciones al padre del leoncito, quien estaba feliz compartiendo el premio con los demás.El padre del leoncito, respondiéndole de como su hijo había logrado subir al árbol, le dijo: -Es muy sencillo. Mi hijo tenía la motivación del hambre. Pero lo principal, es que él es sordo.